El IVIA estudia cómo blindar el futuro del boniato mejorando su diversidad, sostenibilidad y sabor

March 31, 2026

Una investigación financiada por la Agencia Estatal de Investigación y desarrollada en el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) apuesta por la diversificación varietal y la eficiencia hídrica para fortalecer la seguridad alimentaria y adaptar el cultivo al clima mediterráneo. 

 El estudio pretende generar pautas de riego sostenible para el sector agrario, explorando además nuevos usos comerciales de la planta que aumenten su valor añadido y sostenibilidad. 

En un contexto marcado por el encarecimiento de los recursos y la incertidumbre climática, la agricultura mediterránea se enfrenta a un desafío urgente: producir alimentos de forma sostenible sin depender de un número limitado de cultivos o variedades. El caso del boniato (cada vez más presente en los mercados europeos) ilustra bien esta problemática. A pesar de su potencial, su cultivo sigue dependiendo de un número reducido de variedades, lo que lo hace vulnerable a plagas, enfermedades o cambios bruscos en el clima. ¿Cómo garantizar su futuro en un escenario de escasez hídrica y temperaturas extremas? 

Responder a esta pregunta es el objetivo de DiverSWEETy, un proyecto financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) como parte de la convocatoria 2024 de los Proyectos de Generación de Conocimiento y cofinanciado por la Unión Europea. Liderado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) y en colaboración con el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA), busca transformar la manera en la que se cultiva y se consume el boniato. La iniciativa presenta una clara vocación práctica: diversificar las variedades disponibles, adaptarlas mejor a las condiciones mediterráneas y explorar nuevos usos del cultivo que aumenten su valor añadido. 

  

Imagen de boniatos parte del proyecto. 

Un equipo liderado por investigadoras al frente de la innovación 

El corazón del proyecto reside en la colaboración de un equipo multidisciplinar que aborda el cultivo del boniato desde ángulos complementarios, conectando la genética con el campo y estudiando su comportamiento en condiciones de estrés hídrico o su aceptación en el mercado.  

 

De izquierda a derecha, las investigadoras Consuelo Penella, Cristina Besada y Amparo Martínez, del IVIA, y Mª Dolores Vela, del IFAPA 

Consuelo Penella, especializada en horticultura y mejora genética, lidera el saneamiento de las variedades para garantizar plantas libres de virus y realiza los cruces genéticos para obtener materiales más resistentes. Por su parte, Cristina Besada, especialista en postcosecha y evaluación sensorial, se encarga de asegurar que las nuevas variedades posean una calidad premium que conquiste al consumidor. Finalmente, Amparo Martínez, desde el Servicio de Tecnología del Riego, se enfoca en la eficiencia hídrica y Mª Dolores Vela del IFAPA es el nexo en la provincia de Cádiz, una de las zonas más importantes a nivel productivo. 

Diversificación para la seguridad alimentaria 

Actualmente, la producción de boniato se limita a pocas variedades comerciales, lo que supone un riesgo tanto desde el punto de vista agronómico como alimentario. “No podemos depender de una sola opción”, explican las investigadoras al tiempo que advierten que actualmente el 90% de la producción nacional se centra en una sola variedad, la Beauregard. Ampliar el abanico de variedades no solo reduce la vulnerabilidad frente a amenazas externas, sino que también permite adaptar mejor el cultivo a distintas condiciones de suelo, clima y disponibilidad de agua y satisfacer las necesidades de los consumidores.  

En última instancia, esta estrategia contribuye a reforzar la seguridad alimentaria mediante un acceso más diversificado a los recursos agrícolas. Por ello, desde DiverSWEETy trabajan con un banco de cincuenta clones diferentes del IVIA, que incluye variedades tradicionales valencianas, como el Blanco valenciano, y materiales procedentes de Brasil, Uruguay, Canarias y Perú. Esta diversidad funciona como un seguro de vida al reducir la vulnerabilidad frente a plagas o cambios bruscos de temperatura. 

Máxima eficiencia con cada gota de agua 

En paralelo, el proyecto pone el foco en la adaptación al clima mediterráneo teniendo en cuenta que esta área es la principal productora de boniato en Europa, pero también la más expuesta a la sequía. En este sentido, Amparo Martínez determina las necesidades de riego y analiza la respuesta al déficit hídrico para saber qué variedades responden mejor a estas condiciones, en qué fases es recomendable reducir el riego. En definitiva, a través de ensayos en campo y otros estudios, estudian cómo optimizar la productividad del cultivo, es decir, producir más con menos recursos, sin comprometer la calidad del producto. 

 Imagen de un cultivo de boniato parte del proyecto. 

 Del campo al plato: Hojas de boniato y calidad sensorial 

DiverSWEETy también explora nuevos usos del boniato a través de sus hojas. Estos órganos, comestibles y con un alto valor nutricional, consumidos habitualmente en otros países, como Asia, tienen potencial para incorporarse a nuevas propuestas gastronómicas o productos alimentarios pese a su infrautilización en Europa. Su aprovechamiento podría abrir nuevas oportunidades de mercado y aumentar la rentabilidad del cultivo, al tiempo que se reduce el desperdicio, se reducen los requerimientos hídricos de la planta (al retirar parte de las hojas para consumo podría reducirse la transpiración de la planta) y se avanza hacia una producción más sostenible. 

Cristina Besada lidera la realización de catas con consumidores con dos fines, por una parte, identificar variedades de boniato de calidad premium y determinar si son más aptas para asar, chips o repostería, y por otra, conocer la aceptación de los brotes de boniato para su consumo bien en fresco o cocinado 

Un puente entre la ciencia y el campo 

Este enfoque integral convierte a DiverSWEETy en un ejemplo de cómo la investigación pública puede generar soluciones innovadoras con impacto real. Para los agricultores, supone la posibilidad de acceder a variedades más resilientes y a técnicas de cultivo más eficientes. Para la industria alimentaria, abre la puerta a nuevos productos y formatos. Y para la ciudadanía, representa una apuesta por una alimentación más diversa, sostenible y adaptada a los retos del futuro.